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Autorretrato de Fernando Benítez Gabriel, Nando hijo, el escultor y pintor rebelde y sincero. Asegura que no trabajará más para el Ayuntamiento, dice que en Cádiz hay muchos “vendedores de sí mismos” y relata peripecias insólitas de sus célebres figuras.


¿Escuchas música para trabajar?

Para pintar sólo necesito soledad. La música es mi vocación frustrada. Toco la guitarra flamenca, mi novia es bailaora profesional. Vamos a tener nuestro primer hijo. Tengo técnica, pero carezco de soniquete. Y salí en Carnaval hasta el año pasado, en el concurso y en la calle. “Los coletas funcionaron bastante bien.

Quien no posee una figura de Nando no es nadie en el Carnaval.

Gracias a mi padre, claro, hemos comido del Carnaval. Por fortuna, los autores siguen confiando en mí. A mis esculturas las llaman “los barros”. Estoy orgulloso de ellas. Me gusta que luzcan en las casas.

¿En el mueble bar, en la biblioteca o en el cuarto-baño?

En el mueble bar. Es gracioso, porque hay gente que no me puede ver que tiene una figura de mi taller en casa, no tienen otra manera de presumir. Es broma, claro. Antonio Martín mostraba dos o tres obras mías el otro día en la entrevista de El Independiente.

Tus figuras cobran vida propia.

Una de ellas la requisaron en un alijo de droga, un busto del Tío de la Tiza. Me han ocurrido cosas tremendas. He llegado a entregar una escultura por la mañana y ganarla por la noche, en un concurso de minicoros. De todo. Un tío me encargó una vez un pene para regalárselo a la chavala.

¿El suyo?

Bueno, le pareció caro, pensaba que estas cosas se hacen en un momento. Le dije: “La vas a formar”. Y el respondió: “No, que araño”.

¿Ahora estás más volcado en la pintura?

El lienzo permite trabajar en varias dimensiones. El barro es una paliza, hay que cocerlo, ahuecarlo, evitar sorpresas. Es más artesanal y a veces no me puedo expresar como quiero. Pero hay que cumplir los encargos, un trabajo de hormigas para tirar p’adelante. Ya sabes, la crisis.

Pero ahora echan a más gente, hay más homenajes y jubilaciones, cenas póstumas …

La gente se gasta más dinero en la cena, pero a quién no le gusta un detalle con sus compañeros. Me parece emotivo, sincero. Yo pienso en la persona cuando hago la escultura, aunque al final se valore más la plaquita. En pintura soy más exclusivo. Podría pintar la Caleta para salir de la crisis, pero me resisto. Es mentira que ahora haya arte contemporáneo, ya lo hacía Picasso hace un montón de años. Digamos que el arte es estético y la artesanía, funcional.

Por cierto, ¿te pagó el Ayuntamiento? Tu deuda fue más famosa que la de Bankia.

Pagaron. Me dicen que tuve valor al enfrentarme con el Ayuntamiento. Me la jugué. No trabajaré más con ellos. Más de uno se quedó callado, así siguen trincando. El Ayuntamiento no tiene rigor artístico ni ético. Sus formas en materia de monumentos y demás dejan mucho que desear.

¿Te perjudicó la controversia?

Ahí siguen los mismos de siempre, entre tanto amiguismo y chanchullos culturales. Hay una galería que parece concertada. La crisis provoca que todo sea más descarado. Me he apartado de los círculos artísticos.

¿Está pagando la cultura los platos rotos?

Hemos pasado de estar exentos de IVA al 7 por ciento, y ahora el 21 por ciento. Lo estamos notando muchísimo.

Los conciertos caminan en vía de extinción …

Me parece una atrocidad lo que están haciendo con el cine o la música en directo. Se trata más de un asunto relacionado con las ideologías que una simple tasa. No interesa que la gente piense por sí misma y le dé por la creación. Cada vez imponen más trabas al pensamiento, a la expresión, a la cultura en general.

¿Soluciones?

La historia verá este momento como un bache. Vendrán otros, de frente signo, que desharán lo que este Gobierno ha cometido.


Volvemos al arte, que no significa morirse de frío.

Soy un artista de Cádiz. Me condiciona ser de esta tierra, por donde han pasado tantas culturas. Pero no soy gadita. A veces me avergüenzo de algunos gaditanos, pero aquí convivimos con gente fantástica. Me preocupa buscar la autenticidad, respetar la tradición sin ser conservador.

¿Hay mucho veneno, derrotismo, sobredosis de ego y falsario en Cádiz?

Y mucho oportunismo. Tiene que haber de todo. A veces noto que mis cuadros provocan risa. Hay mucho veneno en Cádiz. Con lo que ha sido mi padre en Cádiz, se acuerdan de otros antes que de Nando. Luego vendrán a ponerle una calle. En Cádiz lo que hay es mucho vendedor de sí mismo.



Publicado en El Independiente de Cádiz

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