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Lo mejor del Levante es que devuelve a la memoria asuntos que parecían olvidados. ¿Quién se acuerda? Levante, luna llena, San Juan y un mechero. Explosivo dominguito de marea alta. Pronto cobrarán tasas de arena. Llegó la hora de los sacrificios. Mola el fuego que inmola a los malos de la película. Corran a pillar refugio.
 

La asociación de amigos del Levante celebra una jornada de ventanas abiertas, portazos a traición y humores cambiantes. En estos días rebeldes conviene no cortarse un pelo, porque crece ligero como el zumbido de una mosca de temporada. Este año las moscas vienen gordas, resabiadas, mouriñas, dispuestas a lo que sea con tal de llamar la atención.
 

Cuatro tíos alrededor de una máquina, recuerdo vivo de las tardes de estío a la sombra del salón de juegos recreativos. Hoy todos gastan partida propia, si acaso comparten las victorias, y pocos se alegran de la milagrosa bola extra ajena. Macarras de ceñido pantalón, pandilleros tatuados, qué demasiao.
 

El azar está de reformas. Los cuerpos nuevos disfrutan de la democratización de la orilla del mar, que se ha sublevado y ocupa cada metro cuadrado de asfalto mental. En cueros, nadie es mejor que nadie. Cuidado, este viento purificador zarandea conciencias y trata con desdén al cobarde.
 

Cuando no había rotondas, la gente recta tenía menos problemas. El verano sabía a fruta del tiempo, los niños volvían a casa a la caída del sol, descolgados del silencio de la calle, sin control celular, pidiendo a gritos unas rodilleras. Millones de vueltas después, los niños de los años setenta se ponen las botas con el sol retroactivo, saltan al campo junto a Carvallo, Ibáñez, Villalbita, Mané y Baena, que se suspende en el aire, conecta un imponente testarazo y la pelota se cuela por toda la escuadra como una exhalación. El Cádiz sube a Primera.
 

La última vez que el Cádiz subió a Primera -ocho años ya-, fuimos en tren, que iba tan empetao que aquello parecía la Lista de Schindler, exterminio de la secta amarilla. La Policía nos escoltó por las calles de Jerez, hasta Chapín, y los brigadas entonaron el lema de OT, “A tu lado me siento seguro”. Lloramos de alegría.
 

Publicado en El Independiente de Cádiz

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Revista Cultural Crítica y Costumbrista de Cádiz del periodista Enrique Alcina Echevarria.
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