Buscar

Extracto del primer capítulo del libro sobre el Cerro del Moro. La transformación de un barrio. Dedicado a Enrique y Carmen.

"Dábamos a cambio de nada". Enrique y Carmen relatan la pequeña gran historia del movimiento vecinal como quien recuerda el futuro imperfecto de Cádiz. El milagro real del Cerro del Moro se mantiene vigente como ejemplo ilustrativo de las cosas del querer y el poder. La lucha sindical emprendida en Talleres Faro, que se prolongó durante más de una década, al tiempo que el sector industrial hacía aguas, dejó huella. Enrique y Carmen dibujan escenas de penuria y dignidad, acaso sueñan con hechos constatables, nada de quimeras, y se rodean de fotos, documentos, recortes de prensa y la palabra de ambos retando al tiempo. Jamás aceptaron algo a cambio.

"Fíjate si había conciencia política en el barrio que sacamos tres concejales en las primeras elecciones municipales, dos del PSOE y uno del PCE: Hipólito García, que luego fue el primer presidente del Cerro del Moro, el cura Gregorio López y Pepe Mena". El comunista Mena fue el primer concejal de Fiestas de la nueva etapa democrática, dicho sea de paso. Los inquietos y rebeldes vecinos del Cerro del Moro pasaron a la acción. "Y en cuanto pusimos en marcha un plan de actuación, nos dijeron que estábamos locos, que era una utopía irrealizable".
De la Hermandad Obrera de Acción Católica, la por entonces pujante Hoac, Enrique y Carmen tomaron prestada la filosofía que se traduce en el lema "ver, analizar y actuar". Del tirón. "Lo vimos, reflexionamos y actuamos en consecuencia, sin mirar atrás, con la dignidad por bandera". "Con la fuerza de la razón ... y de la desesperación", como rezaba el primer comunicado público de la entidad vecinal. El Cerro del Moro, marcado por la mala fama, la marginación y la pobreza, comenzaba a ocupar espacio en los medios de comunicación. Enrique, no en vano, subraya el papel de la prensa y esgrime artículos de la época, o rememora crónicas radiofónicas, firmados por ilustres periodistas.

"Pensaban que íbamos a aceptar un lavado de cara, pero no fue así. Es cierto que Carmen Romero fue la primera que atendió nuestras peticiones, pero la tarde que nos encontramos en Cádiz con Rodríguez de la Borbolla resultó crucial. Fui con él desde el Ayuntamiento hasta la Catedral. Creo que fue en el bar Terraza donde se comprometió de veras: "Te firmo 2.500 millones de pesetas si me presentas un plan de actuación". Dicho y hecho. Hasta hoy. Enrique pasa revista a la historia del barrio. De los barracones de urgencia a las viviendas dignas, del estigma a la liberación. A lo largo de los años, unos cuantos quinquenios en lo alto de la ya veterana comunidad vecinal, los habitantes de un rincón eternamente provisional, procedentes de diversos puntos del planeta gaditano, restos del naufragio, se apropiaron de su destino de aquella manera. Todavía se sienten hoy amarrados sentimentalmente al Cerro del Moro, se agarran a esta historia de lucha.
Todos saben en el barrio que Enrique y Carmen son los pilares fundamentales y principales artífices de la regeneración del Cerro del Moro. Viven con las puertas abiertas, literalmente, y sus hijos les han salido prácticamente calcados: luchadores, orgullosos, trabajadores, honestos y sinceros. Enrique muestra el artículo escrito por su hijo en una revista especializada en torno a la legendaria biblioteca del barrio. Carmen recuerda como si fuera ayer cuando los niños eran pequeños y observaban con asombro la realidad sujeta a continuos cambios. En el número siete de la calle Olvera y en el local social se forjaron estos cambios, sin estridencias ni vanidades excesivas. "Dábamos a cambio de nada".

Mientras tanto, el mundo libre disfrutaba de los años de las flores de colores y se veía inmerso en la guerra fría, allá por 1968, Enrique conocía a Jesús Maeztu, un joven cura que pretendía introducirse en el barrio al ser nombrado párroco del lugar por el obispo Añoveros. Ahí emprendió su labor un grupo de jóvenes comprometidos, precisamente desde los locales de la parroquia. Enrique recuerda con especial cariño la celebración de un Año Nuevo a la que asistió el obispo, personaje histórico de la transición, por cierto. En un ambiente "de alegría, amor y velando por las necesidades del barrio" fueron transcurriendo los días hasta que llegó lo que él llama "la inesperada división de clases entre los jóvenes y los menos jóvenes". Efectos directos de la transformación del barrio.

Al tiempo, ya en 1975, Enrique salió elegido para formar parte del comité de empresa de Talleres Faro y un año después contraía matrimonio con Carmen, "sin la cual todo habría resultado diferente". Todo iba muy rápido. Lucha dura sin descanso. El célebre encierro de 21 días en la fábrica los marcó a ambos; en realidad, supuso un hito en la acción sindical. Entonces, fruto de una crisis personal, en la encrucijada de la vida, ambos se unieron a la HOAC. "La fe dormida comienza a despertarse y nos va dejando huella. Nuestra realidad familiar se va agrandando al conocer nuevos militantes de la diócesis de Cádiz y comienzo a vivir mis prácticas desde la fe cristiana", recuerda.

Tras los años de lucha sindical e introspección, los acontecimientos se precipitaron con los mismos ochenta, década de descubrimientos. Y el Cerro del Moro tenía un plan para salir del olvido.
"Enrique fue el último en escoger vivienda, y eligió la peor para dar ejemplo. Sufrió numerosas decepciones, los efectos de la picaresca, las trampas y los trueques que practicaron algunos vecinos en cuanto conocieron que iban a recibir viviendas nuevas, el primer bloque de la calle Olvera", recuerda Jesús Maeztu. Y añade: "Enrique siempre ha sido un hombre ético que salió desengañado de la operación. Cuando nada tienes, sale el animal dentro de ti. No puedes convencer a todos, se pueden aprovechar de ti cuando das todo a cambio de nada".

El plan contemplaba la construcción de más de 600 viviendas en ocho años. Cuando Rodríguez de la Borbolla estampó su firma sobre los anhelos de los vecinos, ya había caído el muro de Berlín, los párrocos de Cádiz sellaron un pacto contra la pobreza, Ruiz Mateos le pegó la famosa leche a Miguel Boyer, la música de Puccini sonó elegante en el reestreno del Teatro Falla, cerró talleres Vigorito, se casó Alberti y el Cádiz alcanzó por vez primera las semifinales de la Copa del Rey.

La remodelación del barrio comenzó el 29 de mayo de 1990. Y dos años después, el 17 de julio del 92, se colocaba la primera piedra. Dieciséis empresas optaron a desarrollar el proyecto. Once familias de las casitas bajas fueron realojadas en la calle Brújula. El Cerro del Moro se integraba en el Plan Especial de Barriadas Marginales. En mayo del 91, Carlos Díaz inauguraba el centro asistencial del barrio, en presencia del presidente de la asociación de vecinos, Baldomero Moreno. Luego llegaron más viviendas, la apertura del centro de información juvenil, las muertes por droga o sida, el clamor de un pueblo contra la heroína, sin tomarse la justicia por su mano.
El Cerro del Moro, a pesar de los pesares, siempre ha vivido con las puertas abiertas, y lo sigue haciendo. Sus dirigentes vecinales han luchado sin descanso contra los retrasos del plan. La presión tuvo resultados. Un destacado político gaditano señala que las autoridades "nos limitamos a cumplir con nuestra obligación", en clara referencia al indiscutible mérito de los vecinos en esta historia.
El proceso jamás se habría llevado a cabo sin la coordinación entre las administraciones, que los propios vecinos impulsaron con sus demandas sin descanso. Desde el 94, cuando se entregaron las primeras llaves, no ha cesado este trabajo en común. Unas veces a favor de viento. Otras contra la marea. El plan se ejecutó escalonadamente, así fueron extinguiéndose las viviendas cuya caducidad, fijada en principio en diez años, superó las tres décadas. El paisaje del barrio es otro, su estado de ánimo también. Una generación después, el barrio se ha integrado en la ciudad, digamos que ya disfruta de las mismas alegrías y parecidas penurias que el resto de Cádiz. Como Puntales, el más allá está cada día más cerca.


 

 

Para poder comentar, necesita registrarse y entrar como usuario.







Entrada de usuario
E-mail*
Clave*

Registrarme     No recuerdo mi clave
Redes Sociales


Publicidad


Revista Cultural Crítica y Costumbrista de Cádiz del periodista Enrique Alcina Echevarria.
Publicación digital creada por FIXAviso legalPolítica de privacidadContactoRSS