Parecemos anglosajones. La otra noche murió un grande de la música americana, esta vez sí, uno de los indiscutibles precursores del rock en castellano, el argentino Luis Alberto Spinetta. Ni caso, no vayan a descubrir nuestra incultura musical. Allende los mares, donde respetan de veras a sus artistas, lloraron la desaparición del genial rockero, lo "celebraron" a su modo, no en vano Spinetta ha dejado tras de sí una estela imborrable. Autodidacta, guitarrista sublime, padre de dos músicos y dos actrices, Luis Alberto firmó al menos una docena de obras maestras, encabezó bandas históricas y no cesó en su febril y arriesgada búsqueda. Spinetta tenía un sonido en la cabeza que plasmó en álbumes y conciertos como quien descubre nuevos colores. Inició el camino con diecisiete años, al frente de Almendra, y desde entonces compuso siempre por delante de su tiempo, en direcciones opuestas, hasta convertirse en clásico, otro forever young inclasificable, que conocía las raíces de la vanguardia infinita. Hizo blues cuando el blues era azul; tocó rocanrol en contramano por las rutas argentinas; se alió con Fito Páez, Charly García y otros muchos; pilló desprevenidas a varias generaciones de aficionados al arte accidental, y jamás vendió su alma por una foto. Conviene escuchar algunos discos extraordinarios de Spinetta, sus primeros trabajos con Almendra, la gloria Invisible, la rabia del Pescado Rabioso y los brotes de bendita locura de Peluson de Milk, 18 Grados al Sol, Pan o la postrera Un Mañana. Mañana seguirá vigente, por no decir vivo, el juglar de rostro angulado y voz de cuero. Nos vemos, Flaco. Posdata: merece la pena escuchar un tributo a Spinetta publicado cuatro años atrás, pues sus piezas cobran otras vidas en las voces de Gustavo Cerati, Divididos, Andrés Calamaro, Fabiana Cantilo, Claudio Gabis, Alejandro Lerner, Hilda Lizarazu, Los Siete Delfines o Ratones Paranoicos. "Al maestro, con cariño". Para poder comentar, necesita registrarse y entrar como usuario. |
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La ola plañidera reaparece con sus velitas de colores, sus mensajes grandilocuentes y esa manera tan mercadotécnica de entender la muerte, que cala hondo en el corazón tonto de la gente. Noticias de cartón rosa comparan a la Houston con los Beatles, ya hablan sin escrúpulos de la diva negra de no sé qué, con su mijita de morbo amplificado.